Esta semana se ha sabido que el ex presidente de Baleares, Jaume Matas, ha sido condenado a seis años de cárcel como autor de los delitos de malversación, prevaricación, falsedad documental, fraude a la administración y tráfico de influencias. Apenas una horas después, el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, anunciaba su decisión de retirarle el título de Embajador de la Comunitat Valenciana que el propio PP le concedió, como si con eso resolviese alguna cosa. Estamos ante la prueba más evidente de hasta qué punto el PP ha llevado a la Comunitat Valenciana a la situación en la que se encuentra. No hay escándalo de corrupción que no haya salpicado de manera directa o indirecta los cimientos más profundos de la Generalitat, hasta el punto de que el PP ni siquiera fue capaz de acertar a la hora de buscar un “embajador”. No es una cuestión secundaria, ya que estamos ante un nuevo episodio que demuestra negro sobre blanco la estrecha relación que siempre ha existido entre el PP y los casos de corrupción que tanto daño han hecho a la imagen no solo de la Generalitat Valenciana sino de toda la Comunitat. Por estos motivos, por mucho que Alberto Fabra se empeñe en intentar transmitir una imagen de que las cosas han cambiado, lo cierto es que sigue cometiendo, en el fondo, los mismos errores que sus antecesores. Por un lado dice que no le interesa la Fórmula 1 y que lo que de verdad le preocupan son los proveedores a los que la Generalitat debe miles de millones de euros y, a los dos días, se hace público que ha pagado por adelantado más de 20 millones de euros al magnate de la Fórmula 1, Ecclestone, por el campeonato del próximo verano. Luego dice en el Congreso de Sevilla que el PP ha cometido muchos errores en el pasado al no atajar la corrupción, y luego mantiene al frente del aeropuerto sin aviones a Carlos Fabra, a quien el juez ha pedido una fianza superior a los cuatro millones de euros para hacer frente a los posibles delitos de fraude fiscal, tráfico de influencias y cohecho. Fabra no es creíble, y por eso, los socialistas tenemos el gran reto de salir fuertes del Congreso Nacional que celebraremos la próxima semana en Alicante, para construir esa alternativa que nos demanda la sociedad, para que la Comunitat Valenciana recupere el liderazgo que nunca debió perder. El PP que ha llevado a la Generalitat y a la Comunitat a la quiebra, no será la que la saque de la crisis.
Reiniciar la Comunitat Valenciana

No ens acovardiran
El PP s’ha passat quatre anys culpant el Govern de Zapatero de ser pràcticament el responsable de tots els efectes de la crisi, quan en països veïns com Itàlia, el mateix Berlusconi va haver de dimitir, i on les polítiques neoliberals no han servit més que per a confirmar que les seues receptes no sols no serveixen per a superar la crisi, sinó que provoquen un retrocés de drets i un deteriorament de serveis públics.
Els socialistes advertírem durant la passada campanya electoral que la victòria del PP, lluny de traure a Espanya de la crisi, provocaria un conflicte social important, perquè les seues polítiques sempre han potenciant les desigualtats. El mateix Rajoy fou presa d’un micròfon que ell creia apagat i tots vam poder escoltar de la seua boca dir que la reforma laboral que estava preparant “li anava a costar una vaga general”. Allò greu de l’assumpte, no és que ho sabera, ni tan sols que tinguera clar que les seues mesures traurien la gent al carrer, com la pròpia secretària general del PP, María Dolores de Cospedal, va reconéixer en la campanya electoral. El greu és que quan açò ha succeït, també ens intenten culpar els socialistes de les protestes.
Miren, senyors del PP, per molt que pretenguen acovardir-nos, continuarem recolzant als centenars de milers de ciutadans i ciutadanes que, de manera espontània, estan eixint al carrer per a dir-los que eixe no és el camí. I no s’equivoquen, molts d’eixos centenars de milers de persones, de ben segur, que els van votar a vostés al novembre, perquè pensaven, equivocadament, que complirien els seus compromisos. En a penes dos mesos, Mariano Rajoy s’ha llevat la careta i està fent a Espanya, el què porta fent el PP 17 anys enla Comunitat Valenciana.No sols han augmentat els impostos a les classes mitjanes, sinó que han aprovat una reforma laboral que acaba amb 35 anys d’equilibris entre empreses i treballadors.
No els càpia el menor dubte que estos centenars de milers de persones que estan dient-los que eixe no és el camí, seran les mateixes que els apartaran del Govern, per molt que intenten vostés, una vegada més, mentir. Se’n van anar dela Moncloamentint en el 2004, i tornen a mentir precisament quan es compleixen ara 8 anys del fatídic 11M.
Construyamos la alternativa
Estos días los jóvenes valencianos han demostrado que están más vivos que nunca, que no se resignan a perder una educación pública de calidad y que no se dejan amedrentar por el autoritarismo, por mucho portavoz del PP que insinúe que los directores cortan la calefacción adrede para sacar a los padres a la calle. Rajoy, que había prometido la felicidad el día después de su victoria, ahora se parapeta en la crisis para hacer exactamente lo contrario de lo que prometió. Ya hemos constatado que la confianza no ha sido esa vitamina salvadora y, a renglón seguido, sube los impuestos a los trabajadores y clases medias, rompe la convivencia laboral y consiente la violencia contra quienes legítimamente se manifiestan. El horizonte que describe el PP gobernante no puede ser más desolador. La contrarreforma emprendida en todos los ámbitos adquiere la peor de las versiones en las relaciones laborales. La propuesta planteada en el BOE rompe con el equilibrio entre empresarios y trabajadores, se instala en facilitar el despido y abre la puerta a la desregulación absoluta a favor de una parte. Pero los socialistas no vamos a cruzarnos de brazos. Vamos a presentar una enmienda a la totalidad en el Congreso y vamos a agotar todas las vías en las instituciones en las que tenemos representación para evitar que el PP consuma su amenaza. La contrarreforma que en todos los ámbitos comparten el gobierno de España y la Generalitat, representan un paso atrás en la economía social de mercado y la liquidación del modelo social europeo. Ése no es el camino. Y, además, aquí cada día nos despertamos con el terrible hedor de la corrupción que ha invadido en la última década las instituciones valencianas. Así, no. Ningún valenciano debe quedarse indiferente. Hay que levantarse y tomar partido. Hay alternativa.