El fracaso de la Conferencia de Presidentes autonómicos ayer en el Senado, destapa con claridad las insuficiencias del estado autonómico y también las vergüenzas de un sistema excesivamente partidista.
Los constituyentes inventaron una redistribución del poder territorial de nuevo cuño sumando ambiciones nacionalistas con principios federalizantes, un injerto harto complicado pero culminado con éxito durante estos treinta años.
Sin embargo, la arquitectura institucional evidencia algunas patologías que bien podrían derivar en aluminosis sino se producen los cambios que la madurez exige.
Hay factores tan perversos como la debilidad del propio sentido del Estado complejo en el que en muchas ocasiones ni las autonomías ni las instituciones centrales asumen la propia realidad de la España plural, constitucional y real.
La corresponsabilidad es exigible en un espacio diverso y, más, en un momento crucial. Mantener una posición permanentemente victimista desde las autonomías no sólo produce melancolía sino francamente improductiva.
Lo peor a día de hoy es la incapacidad de llegar a acuerdos. ¿Por qué los presidentes militantes del PP no apoyaron una resolución que contenía el 80 por ciento de su posición?
La respuesta está en la excesiva visión partidista de la política. Los presidentes autonómicos no asumen su papel institucional –representación general de su territorio- y se sitúan en el papel de peones de su jefe de filas central en función de sus intereses partidarios.
En el fondo subyace, la falta de asunción de la propia convicción del papel de cada uno y de la escasa conciencia autonómica de muchos interlocutores.
Las reformas por la vía federal tienen como principal virtud la clarificación. Es hora de transparentar las responsabilidades. Ni la culpa de todo la tiene Madrid ni las comunidades pueden gastar indefinidamente sin asumir el coste fiscal.
Federalismo porque hace falta reforzar los nexos de unión, porque deben fortalecerse los foros comunes y porque el Senado debe ser una cámara territorial o desaparecer.
Hay que combinar ideas motoras de renovación con el compromiso más cercano en el momento más inmediato.
El desencuentro genera más frío. Los responsables políticos no hacen milagros, sólo pueden alumbrar signos que favorezcan el estado de ánimo.
Ayer era una oportunidad. Una buena oportunidad para visualizar que los actores políticos más importantes de España acordaban luchar juntos al lado de los agentes sociales y económicos para ganar la batalla a la crisis.
Con más altura de miras, con menos mezquindad, ganaríamos todos. Hoy y mañana.

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