Anoche la luz sobre el viejo Bundestag emergía como una enorme vela de aniversario en la recuperación de la ciudad para los berlineses que paseaban las calles y los puentes hae 20 años reencontrados.
A propósito de la caída del muro de Berlín se han escrito los últimos días miles de artículos desde todas las perspectivas posibles pero a nosotros puede servirnos esta mañana para elevar la mirada lejos del lodazal y observar la grandeza y las miserias de ese gran país que es Alemania.
Alemania fue para nosotros durante muchos años –en aquel tiempo de blanco y negro- el refugio de trabajadores que encontraron el trabajo y la vida que aquí se les negaba. Y después el gran aliado para la integración aespañola en la Comundad Europea y el socio ppreferente en la inyección de marcos para la modernización y el desarrollo.
Pero el gigante europeo tiene sus déficits como todo hijo de vecino. La reunificación no ha superado las huellas del pasado. Y el Este aún recela hasta el punto que la propia sociología electoral muestra diferencias ostensibles en función de perenercer alas antiguas RF O rda.
Alemania es federalismo, cohesión social, reivindicación verde y, también, alma representativa de la confusión ante la nueva era de inmigración, del multiculturalismo y de las amenazas xenófobas.
Hace 20 años, entré una mañana soleada como hoy en Berlín. A medida que atravesaba sus venas inmensamente verdes, sentía que descubría la capital de Europa. Una capital, cóctel de vanguardias, mix de esperanzas, sonidos de silencios.
Tras la desaparición del muro cayó una ignominia pero permanecieron o surgineron otros muros más invisibles. La historia, lejos de acabar, se reinicia cada día, cada instante que alguien se rebela contra la injusticia.

Comentaris recents