Ayer se reunió en Peñíscola el Consell valencià de turisme que viene a ser el consejo general de todos los actores implicados en el desarrollo de un sector fundamental para la Comunitat. Y el viernes será el consejo de ministros quien dará luz verde a la ley de economía sostenible que pretende dar nueva energía al modelo productivo español.
¿Qué papel tendrá el turismo en la postcrisis?
Hubo un tiempo en el que el turismo parecía emerger como un sector económico menor casi marginal para después en las últimas décadas aparecer como el maná que toda crisis cura.
El monocultivo es arriesgado y nada recomendable pero de las bases equivocadas de nuestro pasado crecimiento hemos de salir reformando, transformando para abrir nuevas expectativas sobre bases más sólidas en un sector turístico fuerte, cohesionado y con crédito para días de las más diversas competencias.
Pero nada va a surgir de la inercia. Corresponde a los agentes más comprometidos con el turismo diagnosticar acertadamente el estado de la cuestión y superar la pesada losa del intervencionismo trufado por la frustrante repetición de los errores.
Muchos son los impulsos urgentes pero de momento no estaría mal apostar por la profesionalización profunda desde la dirección hasta el último servicio postventa y una acción de gobierno de la Generalitat global por el turismo. De nada sirve un departamento singular para el sector sí el resto –léase Infraestructuras, Medio Ambiente o Cultura- no actúan al unísono.
Es cierto que el modelo productivo no se puede cambiar desde el BOE pero el gobierno tiene la obligación de marcar líneas, de involucrarse hasta mancharse para hacer posible el derecho constitucional al trabajo.
No hay ninguna duda sobre la potencionalidad del turismo. Dependerá de la capacidad de cada destino, de cada subsector, de cada establecimiento la determinación de su espacio en ese tiempo por venir.
Nada está perdido, pero tampoco nada está ganado.

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